sábado, 19 de septiembre de 2015

YO CONSUMO, TU CONSUMES, EL CONSUME, NOSOTROS CONSUMISMOS, .... Y ELLOS MUEREN DE HAMBRE



« El análisis ha demostrado ampliamente lo que se ha supuesto como cierto durante mucho tiempo, que las necesidades son insaciables; que la satisfacción de una de ellas implica la aparición de otras. La conclusión es que nos enfrentamos a un campo sin límites, que existen nuevas necesidades que no serán más que la iniciación de otras nuevas a medida que aquéllas se satisfagan... Mediante la publicidad y otros tipos de mecanismos de promoción... se ha creado un considerable volumen de producción. »

Informe del comite asesor del presidente de EEUU, Hervert Hoover, en 1929, justo unos meses antes del famoso crack de la Bolsa de Nueva York. (citado en "El fin del Trabajo", de Jeremy Rifkin).



«... Y estos hombres que diariamente son echados afuera, como de la borda de un barco en el océano, son la inmensa mayoría. Tantos valores liquidados por el dinero y ahora el mundo, que a todo se entregó para crecer económicamente, no puede albergar a la humanidad.

Para conseguir cualquier trabajo, por mal pago que sea, los hombres ofrecen la totalidad de sus vidas. Trabajan en lugares insalubres, en sótanos, en barcos factoría, hacinados y siempre bajo la amenaza de perder el empleo, de quedar excluidos.

Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización. La angustia es lo único que ha alcanzado niveles nunca vistos.

Es un mundo que vive en la perversidad, donde unos pocos contabilizan sus logros sobre la amputación de la vida de la inmensa mayoría.

Se ha hecho creer a algún pobre diablo que pertenece al Primer Mundo por acceder a los innumerables productos de un supermercado. Y mientras aquel pobre infeliz duerme tranquilo, encerrado en su fortaleza de aparatos y cachivaches, miles de familias deben sobrevivir con un dólar diario. Son millones los excluidos del gran banquete de los economicistas. »



Ernesto Sábato
De libro Antes del fin






Tu Super mata
El modelo de sobreproducción y sobreconsumo que implican las Grandes Superficies crean modelos de vida insostenibles en países del Norte y del Sur.

. La gran cantidad de centros comerciales, unida a la gran proliferación de otros tipos de grandes superficies comerciales (hipermercados, grandes almacenes, grandes superficies especializadas), promueven un hiperconsumo insostenible que provoca unos enormes impactos sobre la sociedad y el medio ambiente que van mucho más allá de los límites de nuestra comunidad.

Este hiperconsumo que generan las grandes superficies comerciales, junto con el constante bombardeo publicitario y las facilidades de pago (y de endeudamiento) existentes, provocan en el ámbito social la mercantilización de la vida y la creencia de que todo es asequible a través de la compra. Así, sobre la base de la creación de necesidades y deseos que buscan satisfacerse en el mercado, se promueve un hedonismo materialista de fuerte raigambre individualista que identifica el consumo de bienes y servicios con la satisfacción de las personas, ignorando el disfrute de placeres básicos como la buena salud, el amor, la creatividad, la simple contemplación,... Y es que las grandes superficies comerciales no buscan cubrir las necesidades vitales de la población sino vender una serie de productos y servicios sólo a quiénes puedan pagarlos. Así, mientras excluyen a los pobres, crean una estratificación social en función del nivel de consumo, generando modas y estéticas dominantes.

Desde una perspectiva ecologista, el hiperconsumo supone un empleo desorbitado de energía y materiales, con repercusiones letales para muchos ecosistemas. Este hiperconsumo se desarrolla en un mundo globalizado gracias a los suministros (petróleo, gas natural, madera, productos agrícolas,...) que los países del denominado Tercer Mundo hacen a los países ricos. Mientras las empresas transnacionales buscan de esta forma reducir los costes de producción, se causan unos costes sociales y ecológicos enormes en los lugares de producción (tales como explotación laboral por medio de salarios mínimos y duras condiciones de trabajo, deforestación, contaminación,...). Al mismo tiempo, este modelo económico mundial genera enormes gastos energéticos en el transporte de las mercancías.

Por otra parte, estas grandes superficies comerciales, que suelen contar con el respaldo de las instituciones políticas, suelen presentarse como generadoras de empleo, aunque no se nos explique la calidad de dichos empleos ni la enorme destrucción de empleo que provoca al competir salvajemente con el pequeño comercio tradicional por medio de amplios horarios y ofertas atractivas, lo que lleva al cierre de dichos comercios (principalmente en el ámbito de la alimentación). Por otra parte, las grandes superficies comerciales animan a la concentración de las empresas proveedoras (lo que suele conllevar reajustes de plantilla, que se traducen en despidos de trabajadores) al imponer sus criterios a estas empresas gracias a la enorme cantidad de ventas que consiguen, lo que les hace adueñarse de la distribución comercial, que acaba por estar en manos de oligopolios con fuerte implantación de capital extranjero (como se observa con claridad en las cadenas de hipermercados).

Para hacer frente a todos estos problemas sociales y medioambientales que generan las grandes superficies comerciales, no basta con el establecimiento de moratorias a la inauguración de nuevos centros comerciales, sino que es necesario que los consumidores se conciencien de los impactos que provoca su consumo y sean conscientes de la constante incitación al consumo a la que se ven sometidos con el fin de manipular sus voluntades. Por tanto, se debe potenciar un consumo socialmente responsable y ecológicamente sostenible. Para ello acabar con el hiperconsumo, potenciar el consumo local y la producción comunitaria pueden ser caminos posibles para que las futuras generaciones puedan disfrutar de este planeta.








« Vencer la resistencia a la austeridad, al puritanismo, a las formas tradicionales de consumo, al ahorro "excesivo", a la culpa por la compra, venía a ser la misión psicológica de una nueva industria de la investigación y la promoción de los mercados, que consagraba al consumismo como la nueva lógica del capitalismo frente a la ética tradicional del autocontrol. »

Cita de La era del consumo, Luis Enrique Alonso.
Ed. Siglo XXI. Madrid, 2005.







Laberinto, pan y leche

¿Por qué la leche y el pan están al fondo del supermercado? ¿Por qué somos tan rentables para Carritour?

"Trucos para ’Picar’ en el Supermercado", Elena Hita

. El Mundo - Su dinero. Número 95 (19/10/97)

¿Por qué el pan está siempre tan lejos de la entrada? ¿Tienen las Grandes superficies algún plan de ejercicios físicos para sus clientes o es que esta estrategia da dinero?

« Las tradicionales compras en los mercados están cada vez más próximas a sucumbir ante los centros comerciales. Con la modernidad, vinieron estos grandes y suntuosos edificios en los que hay de todo. Desde tiendas de ropa, de animales, cafeterías, cines y, por supuesto, un supermercado. Y es en este último donde se juega con la venta por impulso, estimulada por una serie de trucos que consiguen que el consumidor compre más de lo que necesita [...]

Estas técnicas de marketing comienzan a actuar desde el mismo momento en el que se busca un lugar para la ubicación del establecimiento. Los supermercados se abren hueco en los centros comerciales, construidos en zonas aisladas con accesos rápidos, generalmente por autovías, donde el problema de la circulación no será cuestión de horas.

Y por si tiene problemas de carburante, lo más probable es que en las proximidades haya una gasolinera que, casualmente, con una compra superior a una cierta cantidad de dinero, podrá obtener un vale de descuento para repostar. Tampoco encontrará problemas para aparcar, puesto que el centro comercial dispone de aparcamiento gratuito durante las primeras horas, un tiempo que se podrá incrementar si hace un gasto en un determinado establecimiento del centro. En definitiva, lugares abiertos y con todas las comodidades para que usted se encuentre a gusto.

Todo el espacio interior del supermercado está perfectamente estudiado para condicionar los hábitos consumistas. Para empezar, en la mayoría de los casos, el cliente no tendrá más remedio que entrar por la derecha de las cajas registradoras. Esta ubicación no es arbitraria. Los expertos en merchandising saben que la tendencia de los mortales es girar la cabeza a la derecha.

Por ello, casi toda la superficie se extenderá por la izquierda y en la parte derecha tan sólo habrá un espacio en el que habitualmente colocarán ropa. La razón no es otra que el conocimiento de que usted, probablemente, no entrará al supermercado a comprar un vestido o un pantalón. Pero el efecto lo habrán conseguido: habrá mirado a la derecha y es posible que haya visto algo que le interese. Los expertos son conscientes de que el cliente irá hacia el fondo y luego, inevitablemente, tendrá que dirigirse hacia la izquierda. Por eso, colocan los alimentos en esas direcciones.

Pero como lo que quieren los comerciantes es que el cliente se patee toda la superficie, dispersan por todo el establecimiento los alimentos de primera necesidad. Unos lugares que coinciden con dos tipos de zonas en las que se divide el establecimiento: caliente y fría. En la zona caliente está asegurada la circulación de los clientes. Así, los productos que se exponen son los de menor compra, mientras que en la zona fría hay que inducir a la compra, por lo que se colocan artículos de primera necesidad.

Reglas de oro.

Y es en ese recorrido donde actúa el merchandising. La colocación de los productos en las góndolas sigue unas reglas de oro que todo comerciante conoce. Las estanterías se dividen en tres niveles: el primero está a ras del suelo; el segundo a la altura de las manos; y el tercero se localiza a nivel de los ojos.

Es en estos dos últimos donde las ventas son superiores, al estar ubicados en lugares de fácil visualización y poder coger los productos con mucha comodidad. Mientras que si el estante está a ras de suelo, las ventas son menores al tener que agacharse para asir el artículo. Según esta distribución, los artículos de venta obligada estarán a nivel del suelo y el resto en los otros dos niveles para provocar su compra. Y es que lo que el cliente puede tocar, coger y comprar se vende.

Las estadísticas demuestran que el cambio de un producto de un nivel a otro puede incrementar las ventas hasta casi un 80%. De igual manera, en el centro de las góndolas se colocan los productos más rentables y los de menor atractivo al ser el lugar donde los clientes centran su mirada.

Todo está pensado para que no se enfade o se agobie por los continuos choques con los carros. Por ello, el ancho de los pasillos es como máximo de tres carros, lo justo para que usted no tenga más remedio que detenerse y ver los productos de ambos lados.

* La cesta de la compra se divide aproximadamente así:
5% marcas decididas, pero alteradas al llegar al híper
18% se conoce el producto, pero no la marca
22% se decide de antemano el producto y la marca
55% se decide en el momento

* Las estanterías suelen tener tres niveles: el de los ojos, el de las manos y el de los pies. Los productos que pasan del nivel de los pies al nivel de los ojos aumentan en un 80 % su venta.
OJOS . Es el nivel óptimo, ya que la compra es más espontánea.
MANOS . Los productos se alcanzan cómodamente.
PIES. Productos cuya compra es imprescindible.

* Los precios terminados en 5,7 y 9 atraen más al comprador.

* La estancia media en un hipermercado es de 55 minutos. Las técnicas de ’merchandising’ alargan o reducen el tiempo mediante el uso de música. Los ritmos rápidos hacen circular a la gente con más celeridad. Los suaves incitan a la permanencia en el establecimiento.

* En general, todos los carritos se desvían ligeramente hacia la izquierda. Esto obliga a sujetarlos con la mano izquierda, con lo cual la derecha queda libre para alcanzar cómodamente los productos.

* Todo hipermercado está divivido por zonas frías, cuyas ventas están por debajo de la media, y zonas calientes, espacios de gran atracción y alto nivel de ventas. En las zonas calientes, como el pasillo central o la entrada, están los productos de menor venta. En las zonas frías se colocan los de primera necesidad.

* Existen cámaras de vídeo instaladas en secciones específicas para estudiar el comportamiento de los clientes frente a nuevos productos.»



EXPOSICION VIRTUAL

LIBROS Y EXPOSICIONES SOLIDARIAS