jueves, 15 de mayo de 2014

La lucha novilenta de WOZA ( Mujeres de Zimbague levantaos): El amor puede a la ambición


Rafael Armada
Lunes , 28 de Abril de 2014


Dos mujeres, dos luchadoras sin miedo, a pesar de haber sido arrestadas decenas de veces y encabezar las listas de personas non gratas de su país. Su pecado: la defensa de los derechos humanos en Zimbabue. Jennifer Williams y Magodonga Mahlangu reciben al equipo de Mundo Negro y Mundo Negro Digital en Segovia, donde han participado recientemente en el IV Encuentro “Mujeres que transforman el mundo”.




Por P. Rafael Armada


Bulawayo es la segunda ciudad de Zimbabue y epicentro de las protestas contra el régimen dictatorial de Robert Mugabe. Allí se encontraron un día, en la iglesia, estas dos mujeres, Jennifer Williams y Magodonga Mahlang. Era el único lugar donde podían reunirse. En ellas cuajó una relación que ha permanecido indestructible hasta hoy. Su pasión común es WOZA (Mujeres de Zimbabue, levantaos, por sus siglas en inglés), un movimiento que cuenta ya con 85.000 miembros en su país. Su aventura, codo con codo, comenzó en 2003, cuando ambas decidieron oponerse a la continua política de represión establecida por el presidente Mugabe, y buscaron una manera de infundir coraje a sus conciudadanas.

Jennifer Williams dirige hoy WOZA. Hija de padre irlandés y madre matabele (grupo étnico originario de Sudáfrica) está casada y tiene tres hijos. Creció en una familia de siete hermanos. De su madre reconoce que heredó la pasión por la justicia. A Williams la han arrestado ya 57 veces en manifestaciones pacíficas. Está convencida de que con las armas no se construye la democracia, pero con el silencio tampoco. Siete veces fue llevada a juicio y siempre salió absuelta porque, como ella misma confiesa, “no te pueden condenar por sujetar una pancarta y caminar pacíficamente por la calle”.



Inició su carrera profesional como asesora en la Asociación de Granjeros de Zimbabue. Reconoce que por aquel entonces no estaba involucrada en la defensa de los derechos humanos, pero sí había experimentado ya la discriminación, por su origen mixto. Cuando comenzó a ayudar a los granjeros a ejercer sus derechos perdió el trabajo. Corría el año 2002 y se vivía una situación de hambruna en el país, tras los desalojos de los granjeros blancos. Ante el ambiente de desesperación, decidió crear, junto con Sheba Dube, el movimiento WOZA. Magodonga Mahlangu se uniría meses más tarde. “El sufrimiento de las mujeres era muy intenso. De alguna manera, las lágrimas que se derramaban en las casas salían a la calle. Había que hacer algo. Así surgió WOZA y ahí seguimos, intentando hacer algo”, se expresa confiada Williams.

La historia de Mahlangu es diferente. Proveniente de una familia acomodada de 5 hermanos, sus padres, ambos ndebele, la llevaron a una escuela privada. Siendo joven, le tocó vivir la desaparición de miles de sus vecinos, “personas de las cuales no se volvía a saber nada”, como explica ella misma, y eso le provocó una gran inquietud desde joven. Tras finalizar la secundaria, intentó estudiar Medicina, pero no encontró allí su vocación. Decidió, entonces, montar un club de atletismo, formado por estudiantes de las escuelas locales. En el equipo experimentó también la discriminación étnica. Sus atletas no eran escogidas para la selección nacional, a pesar de sus excelentes condiciones físicas, tan solo por no venir de Harare, la capital. Sin embargo, también sacó provecho de esa etapa. “Mi forma física me ayudó cuando empecé a correr delante de la policía, en las manifestaciones. No me pillaban”, se ríe. La coordinadora de WOZA ya ha sufrido más de 30 detenciones y experimentado en su propia piel la dureza de la cárcel.


Levantaos’, por la educación y la sanidad

Los que lucharon por la independencia de Zimbabue lo hicieron por un país donde se garantizaran derechos básicos a la población, como la enseñanza primaria universal o la sanidad gratuita para las madres. En 1990, una década después de ser alcanzada, Zimbabue era uno de los países africanos con mejores niveles educativos. Sin embargo, el panorama ahora es bien diferente. Hoy los niños deben entregar un dólar americano al profesor si quieren asistir a clase porque este no percibe un salario suficiente para vivir. Los padres no cuentan con ese dinero en casa y sus hijos abandonan la escuela. Por eso, este año, WOZA ha puesto sus ojos en una campaña por la educación gratuita. “Convocaremos movilizaciones masivas de desobediencia civil con diferentes protestas o sentadas hasta que el Gobierno nos escuche”, asegura Williams. Lo mismo hicieron para exigir un suministro eléctrico más barato. Gracias a sus acciones, el recibo de la luz se redujo un 45 por ciento entre 2006 y 2012.

Un país como Zimbabue, con ingentes recursos naturales y con fabulosas reservas de diamantes es incapaz, sin embargo, de ofrecer unos servicios mínimos a sus habitantes. La sanidad tampoco está mejor, según cuenta Jennifer Willliams.

“La situación de los hospitales es alarmante. La mujer que va a dar a luz debe llevar el agua, las sábanas, las medicinas... Allí no encuentra ni tan siquiera algodón para las curas. Incluso puede que llegue con todo y no haya cama disponible. Y, sin embargo, el director ejecutivo de la compañía sanitaria que asegura a los empleados del Gobierno recibe un sueldo mensual de 235.000 dólares (sic), mientras que los miembros de su equipo se quedan sin cobrar. Es algo asombroso”, denuncia la fundadora de WOZA, quien añade que “un funcionario del ayuntamiento de Harare cobra 35 dólares al mes (sic). Hay una desproporción fabulosa en el uso de los recursos con el objetivo de mantener la influencia de una élite en el poder”.



Amandlakufa o la fuerza de dar la vida

WOZA aparece en escena para levantar la voz ante este deterioro social. Sin embargo, desde sus inicios, escogen la vía de la no violencia, en la tradición de Gandhi o Martin Luther King. “Cuando la policía llega a nuestras manifestaciones, nos dejamos detener pero, nunca paramos de hablar”, explica Williams.

En 2006 los hombres (que ahora representan un 10 por ciento de los asociados), llamaron a la puerta del movimiento. “Quisieron unirse a nosotras. Al principio éramos algo reticentes a la idea, porque ellos suelen responder a las provocaciones de forma violenta. No obstante, vemos que ahora han sido capaces de descubrir la fuerza inherente de la no violencia. Su presencia en la organización es muy importante para transformar la mentalidad de otros hombres en la comunidad,” confiesa Mahlangu. “Podrían haber sido objeto de burla por parte de otros varones, pero esto no ocurrió. Les respetan porque pertenecen a una organización que es seria”, añade Williams.

Para referirse al alma de WOZA, su fundadora alude a un término zulú, amandlakufa, que ya utilizó Nelson Mandela durante el proceso de Rivonia. Se trata del poder que subyace en dar la vida por alguien y reconoce que ha sido un elemento inspirador en el proceder de WOZA. “Nosotras creemos en el poder del amor, como opuesto al amor por el poder. El amor puede a la ambición. Los políticos aman el poder, nosotras deseamos amar. El nuestro es un amor que cuesta, sacrificado, como el de una madre hacia un hijo, al que también tiene que disciplinar”. “La violencia –añade Mahlangu–, genera más violencia, pero la no violencia tiene más fuerza a la larga”.

“Creo que nunca borraré de mi memoria lo vivido en Bulawayo, el pasado 14 de febrero, el día de San Valentín. Al finalizar la manifestación, la policía nos rodeaba. Decidimos disolver la concentración cuando, dos ancianas de unos 85 años, situadas junto a las fuerzas de seguridad, alzaron sus voces: `Nos iremos a casa, pero no conducidas como ganado, sino que marcharemos como personas, con el respeto que merecemos´, dijeron. Aquellas octogenarias habían perdido el miedo delante de la policía, habían recobrado su confianza personal y su capacidad para reconocer su propia dignidad. `Ya puedo morir mañana porque he logrado algo en mi vida´, pensé en aquel momento”, confiesa Williams.

“En el movimiento quisimos, desde el comienzo, mantener nuestra autonomía y no vincularnos a ningún partido para poder exigir responsabilidades a todos los políticos, de cualquier signo. A ellos eso no les gusta, y de ahí que tengamos que pagar un alto precio por la independencia, incluso hasta llegar a sentir el peso de la soledad, pero seguimos fieles a ella”, comenta Jennifer Williams. También reconoce que las clases medias zimbabuenses en teoría, les apoyan, pero cuando ven que por salir a la calle se puede ir a la cárcel (cerca de 3.000 miembros del movimiento han sido arrestados), se echan atrás.

Otro de los grandes éxitos de la organización es el compromiso de sus miembros. Cuenta con 600 líderes que en pocas horas son capaces de consultar y movilizar a 10.000 personas. Ellos son quienes deciden en qué y cómo actuar.




Un cristiano nunca tira la toalla

Williams y Mahlangu son creyentes. Esta última comenta que su vida se sustenta en tres pilares, su comunidad –es decir WOZA–, la Iglesia y su labor en defensa de los derechos humanos. “Esa es mi vida, estas tres realidades me sostienen. Siempre traté de combinar el trabajo por los derechos humanos con mis creencias como católica”. Le llama la atención la figura de Noé: “Le avisaron del diluvio, y aunque él no veía el peligro, creyó en la advertencia, encontró una vía de escape y actuó. Eso es, para mí, la fe”.

Mahlangu ha renunciado, por ahora, a formar una familia, dada la inestabilidad de su vida a consecuencia de su implicación en el movimiento. A veces, llega a sentir incluso la tentación del desánimo. “Cuando me veo sin fuerzas y con deseos de abandonarlo todo, pienso en los miles de miembros de WOZA que han puesto su confianza en mí y me digo `No puedes defraudarles´. Son ya mi familia”. Williams, católica también como Mahlangu, reconoce que pide continuamente al Espíritu Santo que la ilumine en su lucha.

Tanto Jennifer como Magodonga sueñan con hacer llegar la voz de WOZA a cada esquina del país. No tienen miedo de las consecuencias de sus acciones. “Cuando alguien nos dice que nos estamos metiendo en problemas, le preguntamos dónde, para entrar más a fondo”, explica Mahlangu entre risas. Para ella es una actividad liberadora. “Hablar y decir las cosas, me libera”.

La coordinadora de WOZA da gracias de haber encontrado este movimiento porque si no “quién sabe, quizá me hubiese enrolado en otro grupo y tendría ahora las manos manchadas de sangre”. Cada vez que sale a protestar a la calle y se encuentra con autoridades o responsables políticos, “me crezco y me siento a gusto, en mi salsa”, afirma. WOZA, según Mahlangu, se ha convertido en una plataforma para que la gente exprese sus deseos y los políticos lleguen a sentir la presión de la calle, el poder de la gente.

“Los zimbabuenses son amantes de la paz, gentes de gran corazón y paciencia, incluso demasiada, sobre todo con su presidente y con el sufrimiento que este provoca”, asegura Williams. Le duele que sus conciudadanos hayan perdido la dignidad como nación. Por eso sueña con el día en que estos puedan mostrar de nuevo con orgullo su bandera y que puedan decir que son zimbabuenses sin miedo a ser perseguidos.

Williams conoció a Mugabe en 1998 y lo considera una persona desconcertante. A pesar de que su Policía arresta a las mujeres de WOZA o las mantiene en las listas de personas perseguidas, el presidente ha manifestado en varias ocasiones que apoya al movimiento en sus demandas por una educación mejor y una bajada de las tasas académicas. Las acciones del mandatario, sin embargo, no parecen concordar con sus palabras.

“En cierta ocasión fuimos a Harare a protestar ante el ministro de Educación por la carestía de la enseñanza y al día siguiente Mugabe declaró: ´Me uno a esas mujeres y a su boicot al pago de las tasas escolares porque son demasiado altas´. Nos quedamos todos boquiabiertos,” explica Mahlangu. Situaciones como estas hacen de Mugabe una figura sorprendente y paradójica, reconocen las dos activistas.

En cuanto a la reconciliación ambas coinciden. “Esta no puede existir sin justicia. Queremos saber qué ha ocurrido con los cuerpos de las 20.000 personas asesinadas por Mugabe en los años 1981 y 1982. En 2008, durante el periodo electoral, también desapareció mucha gente y aún no sabemos nada. Queremos una explicación”, afirma Williams.

Cuenta la fundadora de WOZA que su madre fue arrestada a los 80 años, acusada de terrorista armada, y nadie tan siquiera le pidió una disculpa tras liberarla. También relata cómo la policía llegó a su casa y se llevó sus muebles. Aún sigue esperando que le devuelvan sus enseres. Ninguna explicación. Para ella, la sociedad zimbabuense no busca la revancha, ni el castigo, sino el reconocimiento y la verdad. Que se hable de lo ocurrido. Según ella, una vez que estas injusticias dejen de oprimir los corazones de los ciudadanos, las sombras que ahora los cubren se disiparán y entonces se podrá construir una nueva nación.







La comunidad internacional y el empoderamiento

Las dos activistas reconocen que han recibido apoyo por parte de la comunidad internacional y de diversas entidades que trabajan en la causa de los derechos humanos. Muchas veces otros han alzado sus voces por ellas cuando se encontraban encarceladas o en dificultades para hablar por sí mismas. Los galardones recibidos, entre otros el premio Robert Kennedy de Derechos Humanos en 2009, entregado por el presidente Obama, testimonian el aplauso internacional a la labor de WOZA y sus miembros.

Sin embargo, ambas se quejan de la actitud de los donantes quienes esperan que su movimiento entre en la vida política de Zimbabue. “No entienden que estemos solo para defender principios y perseguir mejoras sociales. Nadie, ni siquiera los donantes, nos pueden obligar a que apoyemos a un determinado partido político. No comprenden nuestra apuesta por la independencia, por permanecer al margen de opciones partidistas, aquello que nos ha dado tanta fuerza como organización. Por eso dejan de asistirnos económicamente”, asegura Mahlangu.

Según Williams, los donantes se olvidan de que dando poder a los ciudadanos, en vez de a los políticos, la sociedad puede empujar a sus dirigentes a tomar decisiones en beneficio de la población, y denuncia, sin embargo, que “los donantes pretenden imponernos sus agendas y así la cosa no funciona”. Para Mahlangu “a través del empoderamiento de las mujeres llegan los logros sociales. Estas cambian su condición y empiezan a ser respetadas; sobre todo esto se nota en las áreas donde WOZA está presente”, y añade que “ahora la comunidad nos escucha y nos pregunta la opinión sobre las medidas que toma el Gobierno”. Sin embargo, según ella, cuando las necesidades básicas no están cubiertas, las mujeres permanecen vulnerables.

El trayecto que estas dos mujeres emprendieron hace más de diez años es duro y las dificultades parecen no cesar, pero la felicidad que se trasluce en sus rostros mientras conversan, manifiesta el sentido de sus vidas entregadas por completo a la construcción de la justicia.


Rafael Armada

- See more at: http://www.mundonegro.com/mnd/amor-puede-ambicion#sthash.yArfh5Wf.dpuf

EXPOSICION VIRTUAL

LIBROS Y EXPOSICIONES SOLIDARIAS