domingo, 17 de marzo de 2013

MARC CHAGALL: EL PINTOR DE LA ESPERANZA



Marc Chagall se inspiró en las costumbres de la vida en Bielorrusia e interpretó muchos temas bíblicos, reflejando así su herencia judía. En los años 1960 y 1970 se involucró en grandes proyectos destinados en espacios públicos o en importantes edificios civiles y religiosos.

La obra de Chagall está conectada con diferentes corrientes del arte moderno. Formó parte de las vanguardias parisinas que precedieron la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, su obra se queda siempre en los límites de estos movimientos y tendencias emergentes, incluyendo el cubismo y el fauvismo. Estuvo muy conectado con la Escuela de París y sus exponentes, como Amedeo Modigliani.

En sus obras abundan las referencias a su niñez, aun al precio de evitar las problemáticas experiencias que después vivió. Sus obras comunican la felicidad y el optimismo a aquellos que las observan mediante intensos y vívidos colores. Chagall gustaba de colocarse a sí mismo, a veces junto con su mujer, como observador del mundo, un mundo de colores visto a través de un vitral. Muchos consideran que La crucifixión blanca (y sus ricos e intrigantes detalles) es una denuncia del régimen de Stalin, del holocausto nazi y de toda la opresión contra los judíos.





La pintura de Chagall siempre la encontramos repleta de imágenes oníricas, que vinculan a este autor con el surrealismo. No obstante, se puede decir que la obra de Chagall siempre ha sido independiente y que presenta un estilo propio. La condición de este original artista se ve plasmada en la presenta obra. Chagall era ruso, de origen judío. El tema principal de este cuadro es el sufrimiento de Europa durante los años inmediatamente anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial. En el centro de la composición vemos a Cristo crucificado, envuelto por un fuerte rayo que emana luz sobre una Europa envuelta en tinieblas. Cristo, por tanto, es presentado por Chagall como la única salvación posible.

El dolor aparece representado en esta pintura de diferentes modos. En el lado izquierdo, vemos soldados con banderas rojas irrumpiendo en una aldea. Al otro lado, vemos una sinagoga ardiendo y a un soldado nazi profanándola y arrojando los objetos sagrados al suelo. En la esquina inferior izquierda vemos a Ahasvero, el judío errante, que huye de la Cruz. A sus pies, un rollo de la Torah ardiendo. En la parte superior aparecen un grupo de ancianos con aspecto rabínico, figura del Antiguo Testamento, que discuten entre sí y se lamentan, pero ninguno de ellos se vuelve hacia Cristo, figura del Nuevo Testamento.
Este cuadro es muy enigmático, pues muestra a Cristo como la salvación y, a la vez, está impregnado de un marcado judaísmo. Incluso el propio Cristo el paño que se ciñen los judíos para hacer oración. También vemos en la parte inferior la Menorah encendida. Ciertamente, no nos encontramos frente a un cuadro devocional, sino más bien ante una pintura de denuncia social. En algún sentido, se parece al Guernica de Picasso, aunque, si bien Picasso reflejó en este cuadro su desesperación, Chagall refleja en la Crucifixión blanca su esperanza. “En nuestra vida sólo hay un color, como en la paleta del artista, que nos da el significado de la vida y del arte. Es el color del amor”, decía Chagall.

Fuente: Revista Buena Nueva




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