jueves, 12 de julio de 2012

CINE: Última Parada 174 o el estigma del niño brasileño de favela


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Por María José Bello


A finales del mes de julio se estrenó en los cines franceses bajo el título -Rio Ligne 174- la última película del director brasileño Bruno Barreto Última Parada 174 (2008). El filme se basa en la historia de un famoso secuestro de autobús ocurrido en Río de Janeiro en el año 2000, cuando un joven perpetró una toma de rehenes que fue transmitida durante cinco horas en vivo por la televisión local, creando gran expectación e inquietud entre los ciudadanos brasileños.


“Quem não tem nada a perder não sabe cuando parar” (quien no tiene nada que perder no sabe cuándo va a parar) es el slogan de esta producción que pretende adentrarse en las causas de la violencia en Brasil y en cómo un niño pobre pero inocente puede llegar a transformarse en el peor de los antisociales. Sin embargo, la promesa del filme comienza a diluirse a partir de los primeros minutos en que vemos una serie de acontecimientos estereotipados sobre la violencia, la marginalidad y el mundo del narcotráfico en las favelas.

No obstante, Última Parada 174 es una película de una excelente factura técnica que introduce de tanto en tanto la cámara al hombro para romper el -tal vez excesivo- clasicismo de su narración audiovisual. La trama es interesante y los sucesivos plots o nudos dramáticos nos mantienen atentos al devenir de los personajes. Mal que mal el guionista de esta historia es Bruno Barreto, el mismo deCiudad de Dios (2003). La buena acogida que tuvo Última Parada 174 en su país y en los festivales internacionales le ha permitido ser estrenada en 13 países, además de haber sido escogida para representar a Brasil en los premios Oscar 2009.


¿Pero qué es lo que hace que este filme no logre ser más que una versión descafeinada de la ya célebre Ciudad de Dios? Un problema importante es la poca densidad de la psicología de los personajes. Muchos de los niños que actúan en esta película son verdaderos niños de la calle. El director ha dicho que tomó esta decisión para dar más verosimilitud a la historia, sobre todo en términos de credibilidad de los diálogos, para que el registro y el argot de los personajes coincidieran con el verdadero lenguaje de los niños y jóvenes pobres de Río. Y pese a que son los niños los que mejor actúan en esta historia, notamos que más allá de la búsqueda de credibilidad de los diálogos y situaciones, no hay una verdadera investigación del mundo de estos personajes, como sí encontramos en La vendedora de rosas(1998) del colombiano Víctor Gaviria, quien utiliza también a niños de la calle como protagonistas de su película. La falta de profundidad en la película de Barreto lo lleva a caer en estereotipos, en personajes ya vistos. Las figuras secundarias son más planas aún: una madre drogadicta que gracias a la iglesia deja atrás su pasado oscuro para dedicarse a vivir según los preceptos del credo evangélico o una asistente social blanca y de clase alta que con su altruismo quiere cambiar el destino de la infancia en Brasil.


La escasa innovación en términos de la textura del mundo de los personajes, se ve agravada por el poco desarrollo de los eventos a los que se ven enfrentados. Las cosas suceden porque sí, como si fuesen producto del cruel destino que espera a todos, como si no hubiera posibilidad de cambiarlas, como si nadie dudara de lo que hace o dice, como si un thriller no permitiese un momento de cavilación por parte de los personajes o una distención de los ritmos al interior de una escena.


Última Parada 174 es una película entretenida, pero que en términos creativos aporta muy poco al desarrollo del cine de autor en América Latina. Es correcta en su forma y en su temática, pero demasiado cercana al cine norteamericano o a un anodino telefilme de la cadenaO’Globo (quizá no sea una coincidencia, si se tiene en cuenta que este gigante mediático produjo la película). Lo peor de todo es que si bien busca denunciar o explicar la cruda realidad de muchos niños y jóvenes, termina por confirmar el estigma del pobre adolescente negro de favela que ante una vida marginal y violenta se rinde ante el ineludible camino de la delincuencia. Y al tratar de una manera tan espectacular las situaciones de violencia, termina por banalizar el tema, en vez de lograr una acabada explicación de las causas que llevan al robo, al secuestro y al asesinato en la compleja sociedad brasileña de nuestros días.

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