lunes, 8 de noviembre de 2010

INMIGRANTES ORGANIZADOS DERROTAN A LAS MULTINACIONALES TACO BELL, MCDONALD’S y BURGER KING.



El suroeste de Florida es uno de los centros más importantes de EEUU para la producción agrícola. Aquí viven los piscadores: recolectores de tomate, naranja, frutas y legumbres. Son la fuerza laboral que mantiene viva a la economía de Florida a base de su sudor, de su explotación y en algunos casos de su esclavitud.



Los jornaleros viven hacinados en viejas e inservibles casas remolque a las que llaman "trailas" y por las que pagan elevadas rentas. En cada una de "las trailas", construidas para una familia promedio de cuatro personas, llegan a dormir entre ocho y 12 trabajadores. Estas viviendas, calurosas en el verano y frías en el invierno, han sido adaptadas en espacios de apenas tres metros cuadrados, en donde viven parejas, hombres solos o familias completas entre telarañas, insectos y ratas.


Aquí el día comienza a las cuatro de la madrugada en el invierno, el frío aprieta el cuerpo y el hambre se consuela con apenas un café y un pan. Al alba, casi con el estómago vacío, los trabajadores son reclutados por los contratistas. Los más jóvenes consiguen trabajo más fácil. Los más viejos, se conforman con lo que sea. Así comienza la dura, durísima labor de los piscadores que se convierte en una frenética competencia para llenar la mayor cantidad de cubetas de tomate o naranja, de eso depende su salario.
“Los inmigrantes trabajan jornadas de hasta 14 horas, no descansan un sólo día, pero no les pagan horas extras, no tienen seguro, no tienen derecho a organizarse en sindicatos y reciben menos de la mitad de un salario mínimo en Estados Unidos, eso no tiene otro nombre más que explotación”, dice Julia Perkins, de la Coalición de Trabajadores de Immokalee. "Aquí en Immokalee dejamos la juventud, es que a uno esto lo va envejeciendo", dice melancólico Jeremías, un curtido inmigrante guatemalteco que lleva años trabajando de "pisquero" -recolector de frutos- y viajando por diferentes estados, siguiéndole el paso a las temporadas de cosechas.


Esas toneladas de productos agrícolas son recogidas a mano por hombres y mujeres que vienen de México, Guatemala y otras partes de Centroamérica y Haití. La mayoría son indocumentados que arriesgan sus vidas pasando la frontera por inhóspitos parajes guiados por coyotes que les sacan el poco dinero que han podido reunir para el peligroso viaje. O en casos más extremos, los extorsionan esclavizándolos con el pretexto de que tienen que trabajar para ellos hasta que cancelen el costo del viaje desde México.
Durante el tiempo de "la pisca" -nombre que le dan los trabajadores agrícolas a la recolección de la cosecha- Immokalee se transforma. "Este pueblo parece desierto en el verano, pero cuando es tiempo de la pisca hay gente por todas partes. De 20 mil habitantes, la población se duplica y podemos tener hasta 40 mil", dice Lucas Benítez, responsable comunitario de la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW).


Lucas Benítez es un luchador nato admirador de Cesar Chávez que se largó de su pueblo a los dos días de terminar el bachillerato y cruzó el río Bravo. No sabía nadar. Catorce años después es responsable de una organización de inmigrantes que cuenta entre sus triunfos haber derrotado a gigantes de la comida rápida como Taco Bell y McDonald's. Han sentado un precedente que nunca se había logrado ante estas poderosas multinacionales.


Reuniones semanales en un cuarto de una iglesia local


Cuando Lucas llegó a Immokalee “era un pueblo sin ley. Los patrones traían las pistolas al cinto, te tronaban los dedos y te mentaban la madre. La gente tomaba como algo normal los bajos salarios y los maltratos. Y bueno, uno sale de su país para tener una mejor vida, y llegas allá y te encuentras con esto... te joden aquí, te joden allá, ¿dónde vas a ir a parar?", declara. Y decidieron organizarse. “A la primera reunión en la parroquia de la comunidad, en 1993, sólo asistieron cuatro trabajadores. La organización se dificultaba porque muchos de los jornaleros de Immokalee son de temporada. Cosechan tomate en Florida y se van al tabaco a Carolina del Norte o a la manzana en Nueva Cork, declara Lucas Benitez. “Comenzamos a organizarnos en 1993 como un pequeño grupo de trabajadores, reuniéndonos semanalmente en un cuarto prestado de una iglesia local para discutir cómo mejorar nuestra comunidad y nuestras vidas. Luchamos por desarrollar nuestra fuerza como una comunidad a través de reflexión y análisis, atención constante a la construcción de coaliciones interculturales y un enfoque continuo en la formación de responsables con la meta de ayudar a nuestros miembros a desarrollar sus habilidades en la educación comunitaria y la organización.” Bajo estas premisas, luchan por salarios justos; el fin de la esclavitud en los campos, más respeto de parte de los patrones y de las compañías multinacionales para las que trabajan; una vivienda mejor y más barata; leyes más fuertes en contra de los que violan los derechos de los trabajadores y mejores mecanismos para asegurar que se cumplan; el derecho a organizarnos en nuestros trabajos sin temor de represalias…


Durante dos años la coalición fue un grupo que se reunía a escondidas. Pero en 1995 una de las compañías más grandes decidió reducir el salario por debajo del mínimo, que entonces era de 4.25 dólares la hora, a 3.85, con el argumento de que los campesinos igualaban o superaban el mínimo si pizcaban suficientes cubetas.


"Pues agachamos las orejas y seguimos trabajando o hacemos algo", cuenta Lucas que se dijeron. Y lo hicieron. Fue la primera huelga de la coalición. Tres mil trabajadores dejaron la cosecha. La empresa reculó y las demás siguieron el ejemplo: el salario quedó entre 4.50 y 4.75 dólares por hora.
En las oficinas de la coalición todavía conservan el objeto que les recuerda su siguiente paso: una camisa ensangrentada. Un jornalero guatemalteco pidió permiso para tomar agua y el patrón se lo negó. Como desobedeció, le partió la cara.


Seiscientos trabajadores rodearon la casa del patrón, al grito de: "Golpear a uno es golpear a todos". "Fue nuestro primer boicot, en 1996". A la mañana siguiente, como todos los días, el ranchero fue a buscar jornaleros en su camioneta. Ninguno se subió.


Entre los últimos días de 1997 y los primeros de 1998 seis miembros de la coalición realizaron una huelga de hambre en demanda de que los rancheros se sentaran a negociar. "Pensamos que la cercanía de la Navidad les iba a mover el corazón a los rancheros, pero nada".


El obispo local, otras personalidades religiosas y el ex presidente James Carter pidieron a la CIW poner fin a la huelga. "Por respeto a ellos la paramos en el día 30, pero eso nos ayudó a quebrar la barrera de una lucha local". Siguieron una marcha de 370 kilómetros y varios paros laborales sin que los rancheros aceptaran negociar. "A ellos no les interesaba cuidar su imagen, porque realmente no tienen ninguna".
En esas andaban cuando en un periódico especializado leyeron una nota que les llamó la atención: Taco Bell informaba que había firmado un contrato con una de las compañías más grandes del área para comprar tomate al precio más bajo del mercado. "Ya sabíamos quiénes iban a pagar el precio", declara Lucas Benitez.





Los trabajadores de Immokalee (la mitad mexicanos, 30 por ciento guatemaltecos, 10 por ciento haitianos y el resto de otras nacionalidades) emprendieron entonces un boicot contra Taco Bell. En el camino, lograron el apoyo de estudiantes, iglesias, celebridades del espectáculo y políticos.
Al principio, la compañía no se inmutó. Taco Bell forma parte de Yum! Brands Inc., una de las 500 mayores corporaciones del mundo según la revista Fortune, y tiene alrededor de 900 mil empleados en cien países; sus otras cadenas de restaurantes son KFC, John Silver's, All American Food y Pizza Hut.
Tuvieron que pasar cuatro años para que Taco Bell comenzara a ver afectada su imagen de empresa "filantrópica" y "socialmente responsable". La compañía se sentó a la mesa y firmó: "Aceptó pagar un centavo más por cada libra de tomate que consumiera y que ese centavo fuera directamente al trabajador".
Los otros dos logros no fueron menores. La firma y la CIW elaboraron un "código de conducta" que en esencia obliga a Taco Bell a alentar a los rancheros a respetar los derechos laborales de los jornaleros. Igualmente, se comprometió a dejar de comprar el tomate de aquellos rancheros que incurran en "violaciones extremas" de los derechos, como servidumbre o esclavitud.
En un período relativamente corto han logrado hacer un cambio significativo y concreto. Al combinar paros laborales que contaron con la participación de toda la comunidad con una intensa presión pública incluyendo tres paros generales, un ayuno de 30 días por parte de seis de sus miembros en 1998 y una marcha histórica de 234 millas desde Ft. Myers hasta Orlando en el año 2000, pusieron fin a más de veinte años de salarios en continua decadencia en la industria del tomate.


Para el 1998, ya habían conseguido aumentos salariales del 13 al 25% en la industria entera. Con estos logros, también ganaron un nuevo respeto social y político de parte del mundo.
En una carta a los huelguistas, el cardenal Roger Mahony de Los Ángeles escribió: "Su actual huelga de hambre ha sido una clara señal de su compromiso y voluntad de buscar una solución pacífica… Ha sido una fuente de fortaleza para los demás trabajadores en todo el país que luchan por proporcionar una existencia digna a sus familias ..."




En 1998, la CIW recibió el premio que la Conferencia Episcopal estadounidense entrega a quienes trabajan por la eliminación de la pobreza y la injusticia.. En 2003, con dos de sus compañeros, recibió el premio de derechos humanos que lleva el nombre de Robert Kennedy. En aquella ocasión, en el Capitolio, Lucas dijo: "es raro; la vida es como un sueño. Hace dos días estaba con mis compañeros manifestándome contra el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en Florida, y estábamos rodeados por 3 mil policías, y ahora me encuentro en Washington recibiendo este premio". Lucas y sus compañeros fueron reconocidos por su ayuda para liberar a más de mil trabajadores agrícolas obligados a trabajar a la fuerza en los campos de Florida y Carolina del Sur.


Campaña en contra de la esclavitud


Mientras luchaban por los sueldos justos, también empezaron a enfocar su lucha en contra de la esclavitud que existe en su estado. Su última victoria en contra de la esclavitud fue en diciembre de 2008, cuando los empresarios César y Giovanni Navarrete recibieron sentencias de 12 años de prisión federal por su papel en lo que el abogado federal Doug Malloy llamó "esclavitud, en toda la extensión de la palabra." Han intervenido en casos que involucran operaciones de hasta 800 trabajadores “ que están detenidas contra su voluntad, que no viven en libertad, trabajan por nada o casi nada, bajo condiciones de amenaza o violencia”, comentó Germino, de la Coalición de Trabajadores de Immokalee. El caso de los Navarrete fue el séptimo caso de esclavitud en el cual la CIW ha tomado un papel clave en el descubrimiento, investigación y proceso penal de la operación.


Ante la existencia de esta esclavitud moderna los trabajadores de esta organización decidieron crear una campaña educativa de concienciación permanente. Era necesario que la opinión pública conociese esta realidad y mediante un museo móvil se expone la historia de la esclavitud moderna en el estado de Florida. La exposición esta montada sobre un trailer que representa los vehículos que se usaban en los últimos tiempos de la esclavitud. El enfoque central de este proyecto educativo es describir las condiciones de la esclavitud moderna, sus raíces, las razones por las cuales persiste y sus posibles soluciones. El camión-museo transporta fotos, artículos, documentos de Corte Federal y hasta una camisa manchada con sangre, la cual pertenecía a un jornalero que fue "torturado brutalmente por su patrón por el hecho de tomar un descanso para beber agua", dijo Leonel Pérez miembro de la Coalición de Trabajadores de Immokalee Esta exposición muy bien documentada esta basada en las historias de vida de muchas mujeres y hombres que han escapado a condiciones de trabajo forzado en las que se encontraban. Ricardo es uno de estos inmigrantes esclavizados que fue forzado a vivir en la parte trasera de un camión de mudanzas bajo llave y se vio obligado a trabajar en una granja recogiendo tomates en Florida. Se vio forzado a contraer deudas ya que lo que su “empleador” le cobraba por la comida, el alquiler, etc., era excesivo. Después de pasar más de un año en estas condiciones, logró escaparse a través de la ventanilla de ventilación del camión.


En octubre de 2009 los trabajadores del campo se vistieron de actores y llevaron la función a las puertas de la Gobernación en Tallahassee . La escenografía era un camión de cartón que representaba la furgoneta en la que doce recolectores de tomate que eran golpeados eran obligados a dormir encerrados y sin ventilación durante la noche, para luego ser llevados a la fuerza a “pizcar” durante en día. La coalición ICW se pregunta ¿Qué tiene que pasar para que el gobernador actúe contra las violaciones a los Derechos Humanos, además de las laborales?


Recientemente, la CIW recibió en el año 2007 el Premio Anti-Slavery que otorga Anti-Slavery International en Londres. La Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW) cuenta además con un equipo de trabajadores y trabajadoras que desarrollan medios de comunicación con el fin de amplificar su mensaje en Internet, prensa, radio, televisión y organizar a su comunidad.


La Campaña por Comida Justa


Después de la conclusión exitosa del boicot de Taco Bell, la red nacional de aliados que ayudó a llevar esa campaña a la victoria se consolidó para formar la Alianza por Comida Justa (Alliance for Fair Food - AFF), señalando a la industria de comida rápida que la Campaña por Comida Justa no se detendría con Taco Bell. Desde su comienzo en marzo de 2006, AFF se ha convertido en una nueva y poderosa voz que exige a la industria de comida rápida de este país que respete los derechos humanos y que demanda un fin a la implacable explotación de los trabajadores agrícolas de la Florida. Y en abril del 2007—después de una batalla de dos años con la cadena de restaurantes más grande del mundo, McDonald’s—la Campaña por Comida Justa dio un nuevo e importante paso adelante. Con un comunicado oficial desde el Centro Carter en Atlanta, el líder de esta industria McDonald’s y la CIW llegaron a un acuerdo que no solamente cumplió con los compromisos establecidos con Taco Bell, también se comprometía a colaborar con la CIW para desarrollar un mecanismo para la industria entera para monitorear las condiciones en los campos e investigar abusos.


Anti-Slavery International brindó su apoyo a la campaña de la Coalición de Trabajadores de Immokalee, que ha logrado recientemente que Burger King firmara un acuerdo con el grupo para garantizar el respeto a los derechos de los trabajadores. En este acuerdo se establecen normas de “tolerancia cero” dirigidas a los proveedores respecto a ciertas actividades ilegales tales como el trabajo forzoso.


Marcha por la Libertad de los Campesinos


Actualmente la Coalición de Trabajadores de Immokalee se encuentra realizando una campaña en contra de la corporación Publix, que es una cadena de supermercados que compra tomates de los campos de Florida donde se localiza la coalición. Del 16 al 18 de abril de este año 2010 han realizado una marcha por la libertad desde la ciudad de Tampa hasta Lakeland en el estado de Florida. Esta campaña exige 3 libertades esenciales para los y las trabajadoras: Libres del trabajo forzado, libres de abuso , libres de pobreza y humillación.




Francisco Rey Alamillo

No hay comentarios:

EXPOSICION VIRTUAL

LIBROS Y EXPOSICIONES SOLIDARIAS