lunes, 5 de octubre de 2009

EL ESCANDALO DE LA POBREZA








Argentina: el escándalo de la pobreza

por Vicente Romero el 02 Oct 2009

La emisión en ‘Informe Semanal’ de un reportaje titulado‘El escándalo de la pobreza’ ha provocado bastante ruido mediático/político en Argentina. Numerosos periódicos lo han debatido, incluyendo conexiones a la web de RTVE donde puede verse. Sin embargo no se trataba de un trabajo de investigación periodística que aportara nuevos datos sobre el empobrecimiento de buena parte de la población en un país potencialmente rico. Tampoco se denunciaba en él una situación oculta, un problema desconocido para la opinión pública de una nación culta y con una Prensa de alto nivel.

Para toparse con la tragedia colectiva de la pobreza extrema basta con pasear al anochecer por el centro de Buenos Aires; para comprobar su extensión, es suficiente un recorrido por las barriadas de marginación social --las llamadas villasmiseria-- que rodean a la capital, con enormes bolsones de inmigrantes, sobre todo de Bolivia y Paraguay; para conocer su profundidad, no hay más que recorrer las olvidadas zonas rurales de esa otra Argentina que los porteños llaman el interior.
¿Por qué escandaliza en Argentina el que una televisión extranjera --la menos extranjera de las televisiones europeas-- muestre esa realidad amarga que los argentinos conocen perfectamente y cuyos efectos padecen o contemplan a diario? Lo realmente escandaloso no es que se retrate sino que exista. Pero la pobreza, por las dimensiones atroces que alcanzado, se ha convertido en un arma arrojadiza entre el gobierno y su abundante clientela política, de una parte, y los grupos de oposición, su aparato mediático y los obispos, de otra.

Las estadísticas más fiables hablan de trece millones de pobres, con cinco millones de indigentes. La Iglesia Católica eleva las estimaciones hasta el 40 por 100 de la población. Y el gobierno admite que por lo menos uno de cada cuatro ciudadanos sufre grandes privaciones. La pobreza, que llegó a alcanzar al 57 por 100 de la población en el año 2002 (cuando la crisis económica que se conoció como el corralito), se redujo a la mitad en 1998. Pero nadie puede discutir que ha vuelto a aumentar en los dos últimos años. Más allá de la guerra de cifras, resultan evidentes los efectos de la miseria y la amenaza del hambre en regiones como el Chaco, donde la desnutrición afecta a la tercera parte de la población infantil.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha anunciado un plan de emergencia contra la pobreza, con un presupuesto de 272 millones de euros. Poco dinero para las dimensiones del problema. Pero, además, distintas organizaciones humanitarias denuncian que el Estado no libra los fondos con la agilidad necesaria. El caso es que gobernantes y opositores dedican a la pobreza más palabras que recursos. Que ni unos ni otros disponen de un plan radical para atajarla. Y que ni siquiera han hecho una evaluación objetiva y realista de la gravísima situación social que comporta.
Los empobrecidos constituyen una enorme molestia política, cuando hay tantos negocios que hacer en Argentina. Su existencia masiva no sólo pone en evidencia las contradicciones irresolubles del sistema económico, sino la validez de las estructuras estatales que sustentan un modelo social tan poco modélico. Ese es el verdadero escándalo, no un breve reportaje en ‘Informe Semanal’.

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