sábado, 29 de agosto de 2009

Testimonio de un inmigrante en las calles de Madrid



Testimonio de un inmigrante en las calles de Madrid



Hace seis años que emigré de Iberoamérica a Europa por el hambre. Pero Europa no es como uno se imagina. Yo fui perseguido como delincuente por no tener papeles. Aquí llegamos a vivir hasta 25 personas, todos inmigrantes, en un piso de menos de 75 metros cuadrados. Donde los niños no tienen sitio para jugar. Y mi horario de trabajo era de lunes a domingo en jornadas de más de 15 horas diarias y así fue por mucho tiempo. Europa no es el paraíso con el que yo soñaba. El mismo sufrimiento de miseria y explotación que vivimos en nuestro pais lo hemos vivido en Europa. Aquí se aplasta a la persona. Al inmigrante se le reduce a un objeto de usar y tirar cuando les conviene. Y este es el mundo desarrollado en que vivimos con esclavos y explotados cada día porque no interesan.

Pero fue aquí donde descubrí otras realidades de lucha solidaria que marcaron mi vida. Va a hacer ya cinco años que conocí al Movimiento Cultural Cristiano, Camino Juvenil Solidario y al partido SAIN (Solidaridad y autogestión Internacionalista) y que colaboro con las campañas contra el hambre, paro y esclavitud infantil que hay en el mundo. Un mundo en guerra. Cinco años que estoy en la vida asociada con la pandilla de amigos en toda España e Iberoamérica, difundiendo cultura solidaria, la revista Autogestión en el metro, repartiendo el periódico Solidaridad en los ambientes en que me muevo, etc. Y durante este tiempo no me he arrepentido de los que estoy haciendo, porque los pobres también necesitamos asociarnos y luchar por nuestra dignidad y para exigir justicia y solidaridad empezando por los que más sufren. Y esto para mi tiene sentido y es esperanza para los empobrecidos del mundo, queridos amigos.

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