domingo, 3 de mayo de 2009

GIORGIO LA PIRA, ex ALCALDE de Florencia, en PROCESO de BEATIFICACIÓN: EJEMPLO para los POLÍTICOS según JUAN PABLO II



Sin ética la democracia corre el riesgo de desaparecer, constató Juan Pablo II al proponer a los políticos el ejemplo de Giorgio La Pira, ex alcalde de Florencia, que actualmente se encuentra en proceso de beatificación.

Esta es la herencia, según constató, dejada por Giorgio La Pira (1904-1977), jurista y político, diputado del partido de la Democracia Cristiana en la asamblea constituyente que redactó la actual constitución italiana tras la segunda guerra mundial.

Más tarde fue elegido alcalde de Florencia durante diez años (1950-156 y 1960-64), ciudad que en 2004 celebró el centenario de su nacimiento.

Miembro de la tercera orden de los dominicos, el Papa le recordó como «figura eminente de la política, la cultura y la espiritualidad del siglo que acaba de terminar».

El alcalde de Florencia, recordó, sirvió «a la causa de la convivencia fraterna entre las naciones», favoreciendo en particular «la amistad entre los pueblos, cuya referencia es Abraham» para «judíos, cristianos e islámicos».

«Ante los poderosos de la tierra, La Pira expuso con firmeza sus ideas de creyente y de hombre amante de la paz, invitando a sus interlocutores al esfuerzo común para promover ese bien fundamental en los diversos ámbitos: en la sociedad, la política, la economía, las culturas y entre las religiones», recordó el obispo de Roma.

«En la teoría y en la praxis política --añadió--, La Pira experimentaba la exigencia de aplicar la metodología del Evangelio, inspirándose en el mandamiento del amor y del perdón. Siguen siendo emblemáticos los "Congresos por la paz y la civilización cristiana", que promovió en Florencia de 1952 a 1956, con el objetivo de favorecer la amistad entre cristianos, judíos y musulmanes».

Citando la carta que La Pira envió en 1964 a su amigo, el político italiano Amintore Fanfani, el Santo Padre constató cómo sus palabras son «de sorprendente actualidad»: «Los políticos son guías civiles a quienes el Señor confía, mediante las técnicas mutables de los tiempos, el mandato de guiar a los pueblos hacia la paz, la unidad, la promoción espiritual y civil de cada pueblo y de todos juntos», escribía el político italiano,

«La Pira hizo una extraordinaria experiencia de hombre político y creyente, capaz de unir la contemplación y la oración a la actividad social y administrativa, con una predilección por los pobres y los que sufren», subrayó Juan Pablo II.

«Con la contribución de todos, el sueño de un mundo mejor puede hacerse realidad --deseó por último--. ¡Que Dios conceda a la humanidad el ver la realización de esta profecía de paz!».

Dejó un rastro indeleble en la conciencia y en el rostro de esta ciudad, a través de las numerosas realizaciones administrativas y las extraordinarias iniciativas de carácter político y social. Promovió muchas obras de reconstrucción en la periferia y fue constante su empeño en la defensa de los trabajadores y de los pobres.


Desempeñó un papel importante en la elaboración de la Constitución italiana, apoyando el valor inmanente de la persona humana y la inviolabilidad de sus derechos fundamentales; asimismo luchó por la introducción del derecho al trabajo como elemento inalienable de la dignidad del ser humano.

«La suya ha sido una espiritualidad, digamos, ‘immanente’ a la actividad cotidiana: no había para él solución de continuidad entre la comunión eucarística, la meditación, el compromiso cultural, y la acción social y política», afirma el Santo Padre.

Giorgio La Pira profesaba una devoción especial a la Santísima Trinidad «que atraía y recogía su alma en la contemplación y la adoración», recuerda la misiva pontificia, impulsándole también a escribir palabras como estas: «La raíz de la acción está siempre aquí: en este ‘éxtasis’ del alma enamorada que derrama lágrimas diciendo al Señor: ¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Dios y mi todo!».


En un viaje en 1959 a la Unión Soviética, La Pira, ante el Soviet Supremo, en el Kremlin, afrontó no sólo la cuestión del desarme sino el tema de la libertad religiosa, como elemento esencial de un proceso completo de construcción pacífica.


«Fiel al Magisterio de la Iglesia», afirma el Papa, «entendió la función pública como servicio al bien común, fuera de los condicionamientos del poder y de la búsqueda de prestigio o interés personal».

«Oremos para que su ejemplo estimule y anime a cuantos se esfuerzan en testimoniar con su existencia el Evangelio en la sociedad actual y se ponen el servicio de los demás, de modo especial de los pobres que tuvieron siempre en él un amigo solícito y fiel», concluye el mensaje.

El cardenal Ennio Antonelli, arzobispo de Florencia, tras leer el mensaje papal, en su homilía, destacó de La Pira el continuo proclamarse «cristiano, es decir uno que es de Cristo» y la afirmación: «Tengo sólo un carnet, el del bautismo».

La Pira contemplaba a Cristo Resucitado «como levadura transformadora y como modelo elevador y capaz de atraer» a todas las cosas, añadió el cardenal citando una carta escrita por el que fue alcalde de Florencia a un amigo en Pascua.

En cuanto a la importancia de la Eucaristía, La Pira afirmaba: «El cristianismo se resume en la Eucaristía». «Así se edifica el cuerpo de Cristo, el pueblo cristiano, la ciudad de Dios y, bajo su modelo, la ciudad humana. La Eucaristía organiza el pueblo del Señor, edifica las ciudades, los pueblos, las naciones y la civilización», afirmó el cardenal.

El próximo 9 de enero podría celebrarse la conclusión de la causa diocesana de beatificación de Giorgio La Pira (1904-1977), según anunció el cardenal Antonelli.

La causa había sido iniciada el 9 de enero de 1986, en la basílica dominica de San Marcos en Florencia, en cuyo convento La Pira vivió muchos años.

No hay comentarios:

EXPOSICION VIRTUAL

LIBROS Y EXPOSICIONES SOLIDARIAS